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domingo, 2 de agosto de 2015

TERQUEDAD VERSUS FLEXIBILIDAD



Una persona terca, o tozuda, como se dice en mi tierra es aquella a la que es muy difícil hacer ver las cosas de una forma distinta a como ella las piensa. Una persona constante es aquella que, de una forma metódica y, generalmente, programada, hace lo que tiene pensado o cree que debe hacer (y que me disculpe la RAE por definiciones tan simplonas)
La diferencia es evidente pero, en demasiadas ocasiones, los dos conceptos se unen para librar batallas con consecuencias económicas fatales, hablando en el entorno de un futuro emprendedor, o de una empresa consolidada.
Pondré un ejemplo. Imaginemos a un emprendedor
Después de devanarse los sesos durante días y en un momento de lucidez, al Sr X  se le ha ocurrido una idea para su negocio. La ha ido madurando y ve muchas posibilidades de éxito si la lleva adelante.
Está absolutamente convencido (de forma virtual) de su viabilidad y se decide a iniciar los trámites para ponerla en marcha.
Con algunas dificultades, consigue la financiación necesaria, crea una microempresa y fabrica “el producto” que en su opinión es excepcional, diferente, con un gran valor añadido y comienza a realizar los primeros test de ventas. Los primeros resultados no son claros. Es difícil convencer al comprador. Dicen que es caro. A algunos les gusta mucho y a otros no les gusta, etc.
El  Sr. X tiene muy claras las posibilidades de su producto y unas malas experiencias no van a minar su convicción. Insiste. Invierte dentro de sus posibilidades en marketing y publicidad para darlo a conocer. Piensa que lo necesario es captar como cliente a una gran empresa y esa lo dará a conocer. Da a probar el producto, etc.
El tiempo va pasando y los resultados no son los deseados, pero el Sr. X sigue convencido de que el producto es perfecto y hay que perseverar.
El problema surge cuando las entidades financieras no comparten esa idea.
¿Qué le está pasando al Sr. X? ¿Por qué su producto no funciona?
Puede haber muchas razones, pero seguramente la primera es que no esta recogiendo el feedback de sus clientes, no esta captando el mensaje de que el mercado no quiere o no tiene necesidad de su producto por las razones que sean, aunque sea excepcional.
Es muy difícil, cuando has parido algo que consideras muy bueno y has puesto todo tu empeño en sacarlo adelante, reconocer a tiempo que los mercados no aceptan casi nunca lo que uno quiere. Quizás el resultado hubiera sido otro si el Sr. X hubiese intentado adaptar su producto a lo que el mercado demanda o, al menos, acercarse a ello.
Creo que es básico para cualquier emprendedor o empresario, tener la mente abierta y la flexibilidad necesaria para adaptarse a los cambios que nuestros clientes piden, aunque eso implique modificar lo que consideramos inamovible.
Nadar contra corriente no suele dar buenos resultados





sábado, 25 de julio de 2015

EL ADN DE UN EMPRENDEDOR ( II )


            En el capítulo anterior mencioné, de forma genérica, algunas de las  dificultades más habituales que nos encontraremos en el desarrollo de la idea hasta convertirla en realidad tangible. Omití, ex profeso, las fases emocionales por las que suele pasar cualquier proyecto y que son consecuencia de los sucesivos estados de ánimo del o los emprendedores durante el desarrollo (entusiasmo, desánimo, pánico, cansancio físico y emocional, etc.). Todas ellas serán más o menos cortas o largas, en función de cómo seamos y de la inteligencia emocional que apliquemos, pero si el proyecto está bien definido y estructurado, será nuestra guía, nuestro GPS  para avanzar por el camino que entendemos como correcto.
            El emprendedor tiene claro el objetivo que persigue y ha de ser el líder natural del proyecto y sobre el que recae la responsabilidad de llevar la nave por la ruta más conveniente. En caso de que varios emprendedor@s participen en el mismo proyecto, ha de haber un líder consensuado y aceptado por todos, en un barco no puede haber varios capitanes.
            En muchas ocasiones el emprendedor actúa como visionario, en el buen sentido de la palabra. Es capaz de ver posibilidades de negocio que a otros pasan desapercibidas y, por desgracia, en muchas ocasiones también se queda en eso, en posibilidad.
            La imagen que acompañaba al capítulo anterior es bastante gráfica de lo que representa iniciar una andadura de este tipo. Nos encontramos solos, con una inmensa escalera delante, que debemos ascender sin saber a donde nos llevará y sin pasamanos que nos sirvan de apoyo en la ascensión. La sensación de miedo es inevitable. Un entrono gris y oscuro que nos lleva a lo desconocido. Asusta y mucho, por eso hay que ser de una pasta especial para hacerlo.
            La imagen de hoy sigue siendo una escalera. El ascenso por cada peldaño no lo podemos evitar si queremos llegar a la parte alta. Pero en esta, el entorno no es gris sino todo lo contrario, hay luz, color y es más difícil caerse.

La cuestión no es si tienes aptitudes para ascender, sino de cual es tu actitud en el ascenso.

Y el primer peldaño, aun teniendo el entusiasmo y la frescura de empezar algo nuevo y  apasionante que hemos parido nosotros mismos, es el que mas nos cuesta subir.

Los siguientes…. son mucho más fáciles, no lo dudes y empieza 

EL ADN DE UN EMPRENDEDOR ( I )

                                                                        Fotografía de Sarolta Ban

Cuando tenía 16 años, mi familia tuvo la posibilidad de adquirir el negocio en el que mi padre había trabajado toda su vida. Los accionistas se desprendían de la empresa y se la ofrecieron.
Se habló de ello en casa y recuerdo que mi hermana y yo le animamos a hacerlo, ya se sabe que la ignorancia es muy atrevida. Al final la oferta se rechazó por el montante económico que suponía aceptarla.
Entonces no lo comprendí. Tardé años en darme cuenta de que mi padre, dicho desde el mayor de los respetos, no tenía ADN emprendedor, a pesar de ser un excelente gestor.
El auténtico emprendedor tiene un código genético que le hace diferente, en muchos aspectos, al resto de las personas. Y puntualizo lo de auténtico no por polemizar, sino por que las circunstancias de la vida, en ocasiones, hacen que personas que nunca se lo habían planteado adopten este rol.
Si una idea bulle en tu mente y empiezas a planificar la forma de convertirla en proyecto y el proyecto en realidad, eres un potencial emprendedor.
Si trabajas tu idea hasta la saciedad, le das las vueltas necesarias, buscas los pros y los contras, visualizas su ejecución y la planificas, estudias el mercado para calcular la aceptación que puede tener, si preparas un plan de negocio donde veas la financiación que vas a necesitar, los costes y beneficios que puedes obtener  y eres capaz de conseguirla, ya eres un emprendedor.
Tendrás que ser inasequible al desaliento, saber levantarte en cada ocasión que un tropiezo te haga caer, sortear y resolver las muchas dificultades que  encontrarás cada día, ser líder de tu equipo, aunque el equipo seas tu mismo   y sobre todo, creer a pies juntillas en lo que haces.
Nunca olvides que gestionar y hacer rentable tu empresa no va a ser más fácil por el hecho de tener un tamaño pequeño, pero tampoco más difícil que si fuese grande. 
No pretendas ser maestro en todo lo que haces. Si lo eres ¡Enhorabuena!, pero no será lo habitual y querer conseguirlo te restará fuerzas para cumplir tu objetivo. Reza el dicho “aprendiz de todo, maestro de nada”. Pide ayuda o asesoramiento cuando lo necesites, la vas a encontrar y no necesariamente con un coste económico.

Si te sientes identificad@ con las generalidades citadas, eres o vas a ser un emprendedor.